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Giuliana MezzaPUNTO DE MIRA

LAS MULTITUDES Y LA IDENTIDAD

Fotografía: Claudio Barbará

√ Por Giulana Mezza

La dimensión colectiva de la identidad remite incesantemente a un interrogante. Patria, nación, pueblo, comunidad, son a menudo formas de nominar una entidad abstracta que sin embargo persiste en su incompletitud, en su heterogeneidad, en su carácter plural. Ahora bien, la falta de transparencia ¿conduce indefectiblemente a la imposibilidad de su enunciación? Y si existe un pueblo o una comunidad, ¿cómo se identifica? ¿Es posible reconocer sus contornos?

Lo colectivo es aquello que, a partir de lo diverso, da origen a lo común. Lo compartido envuelve a la experiencia individual y la inscribe en un mapa más amplio de prácticas y sentidos. Pero ¿cuál es el componente que permite amalgamar realidades?, ¿de qué está hecho lo colectivo? El ser-con-otros implica tanto un plano de acción como uno reflexivo; lo vivido en común se reconoce como parte estructurante de la propia identidad, atraviesa el tamiz de la conciencia, se visibiliza, adquiere volumen, es a la vez pieza y movimiento. Lo uno y lo múltiple se solapan de forma tal que sus fronteras se desdibujan, la dimensión social deviene en elemento irreductible de quienes somos.

A pesar de su carácter constitutivo, lo común nos puede ser vedado. La guerra, el terrorismo de Estado, la tortura, la desaparición. El hambre, el silencio, la marginación. La incertidumbre, la intemperie, la desesperación. Lo colectivo se agrieta, se atomiza, se fragmenta, se mutila. Aquello que une se disgrega en las fauces del odio, en el miedo, en la voraz inmensidad de la indiferencia, o del desconocimiento. Lo vivenciado se presenta como demoníaco, y por tanto es prohibido u ocultado. La experiencia actual se recorta en una atmósfera anestesiada; son las máximas vigentes las que contribuyen a invisibilizar los lazos, las causalidades, la historia.

Memoria es asumir la lucha por reponer lo común. Es la reivindicación del derecho al pasado, pero también al presente. Es tomar la palabra para doblegar al silencio, es aproximar los cuerpos para desmentir a la soledad, es volver a situarse en un espacio en donde es posible ser-con-otros. Con ese fin nos aproximamos, con ese fin desembarcamos.

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Fotografía: Claudio Barbará